OPINIÓN

26 ABRIL DE 2018

Por Rafael Ansón

Barcelona, ciudad de tapas

La tapa y su cultura son dos de los mejores baluartes gastronómicos de España, con una inmensa capacidad de penetración en muy diferentes lugares. Por ello, desde la Real Academia de Gastronomía reivindicamos su consideración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco. Primero el Gobierno aprobará la Tradición Cultural de las Tapas como Patrimonio Cultural Inmaterial de España.

Hay muchas ciudades españolas e ibéricas en donde la cultura de la tapa recibe el tratamiento que merece, pero creo que no hay ninguna donde se haya relacionado tan bien con la vanguardia, sin abandonar la tradición, como la Ciudad Condal.

Es sede, por ejemplo, de toda la herencia de elBulli de Ferran Adrià, a través de los diversos escenarios del Grupo ElBarri, encabezados por Tickets que, de la mano de Albert Adrià, nació bajo el lema “La vida tapa”; y de Bodega 1900, del mismo grupo, un epicentro de las tapas de toda la vida.

Por citar algún ejemplo más, los aficionados al “laterío” clásico saben que tienen una dirección única en Quimet i Quimet, en el Poble Sec; Gresca, un multiespacio del Eixample, sorprende con unas tapas de última generación; o el espectacular multiespacio El Nacional, con su Tapería en pleno Passeig de Gràcia.

De siempre se ha dicho que existe en España una doble cultura: de las tapas (al sur) y de los pintxos (al norte). Alrededor de ambas surge una cocina en miniatura diversa y actual que tiene, a mi parecer, a Barcelona como uno de sus grandes escenarios mundiales.

Al fin y al cabo, conviene recordar que “tapear” es una manera de vivir, paseando y disfrutando del maravilloso clima mediterráneo.

Mientras llegan las merecidas medallas, hay pocos placeres mundanos comparables al de recorrer, en primavera, las calles de Barcelona, probando, en pequeñas dosis, la espectacular cocina de “mar i muntanya”. Y descubrirla también en los locales de barrio, escenarios de una maravillosa cultura popular del tapeo en la que se superponen muy diversos orígenes, en un sabio mestizaje que es uno de los puntos fuertes de una de las ciudades más vivas y atractivas de Europa.

Lo saben muy bien los millones de turistas que cada año visitan y disfrutan de la Ciudad Condal, ciudad de tapas.

Publicado en La Vanguardia.

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