PRODUCTOS

4 JUNIO DE 2018

¿Qué sería de España sin tomate?

La primera referencia escrita que se conoce sobre el tomate ha sido recogida por Pedro Plasencia, en su libro Gastronomía Precolombina, y es bastante más terrorífica de lo que podría pensarse. 

Bernal Díaz del Castillo, compañero de Hernán Cortés, relató, en 1568, cómo los españoles que entraron a la ciudad de Cholula se dieron cuenta de que los indígenas mexicanos tenían todo listo para comérselos porque “ya tenían aparejadas las ollas con sal, ají y tomate”.

Sustos aparte, el fruto de la tomatera que conocemos hoy poco tiene que ver con el de la época azteca. Cuenta Plasencia que era de sabor más agreste, verde (no rojo) y mucho más fuerte que el que se aclimató a Europa siglos más tarde.
Tras haber sido tildado de producir efectos narcóticos, según sabios franceses y británicos, el tomate se asentó primero en Andalucía e Italia y solo en el siglo XVII empezó a usarse en el resto de la península ibérica.

Ese fruto, al que muchos llaman el “jamón de la huerta”, saltó al libro de records Guinness cuando un hombre cultivó uno XXL de 3,51 kilos en Estados Unidos; es protagonista de una de las odas de Pablo Neruda y el cantautor uruguayo Jorge Drexler le dedicó una canción. 

En estas épocas de calor es perfecto en ensaladas y sopas frías (como nuestros celebérrimos gazpacho y salmorejo). También en un rico zumo, preparado o no, para reponer fuerzas. ¿Las variedades de la época? Rosa, pera, en rama, kumato, feo de Tudela o cherry.

Apunte nutricional: además de su versatilidad gastronómica, el tomate es diurético, refrescante, rico en vitamina C y bajo en hidratos de carbono. Asimismo, contiene umami natural, sobre todo en sus pepitas. 

Uso de cookies

Este sitio utiliza cookies de terceros para realizar labores analíticas. Al continuar navegando aceptas nuestra Política de Cookies. x