PRODUCTOS

29 MAYO DE 2017

Son fresas, no fresones

Como en la vida misma, cuando se trata de fresas y fresones hay buenas y malas noticias. Empezaremos por estas últimas porque la historia va consiguiendo, menos mal, un final esperanzador.

Aunque las fresas se extinguieron en casi toda España hace años (sí, amigo lector, lo que ha comido hasta este momento han sido fresones), en Aranjuez, Madrid, se trabaja arduamente para recuperar las originales y aumentar su producción.
Las fresas de verdad –pequeñitas, con una forma que recuerda a las bellotas, con su superficie rugosa y gran aroma– han tendido a desaparecer, explican desde la Asociación de Productores de la Huerta de Aranjuez, por la gran cantidad de mano de obra que necesita su cultivo, por su propensión a ser atacadas por virus y plagas y por su vulnerabilidad ante las heladas.

Entonces hicieron su entrada triunfal los fresones que llegan a mediados de la primavera y a principios del verano. A una variedad “menos bonita” y salvaje, la Fragaria vesca, la ciencia le encontró una sustituta resistente y grande, la Fragaria ananassa. Esto se nota también en el precio, porque un kilo de fresas cuesta unos 18 euros y uno de fresones ronda los seis. Las primeras son azucaradas y perfumadas, las segundas menos. 

Dos consejos: merece la pena probar, al menos una, vez las pequeñas fresitas. Y si la opción son los fresones, cuanto más cercano sea su origen, mejor. 

Apunte nutricional: las fresas son ricas en vitamina C, en agentes antioxidantes y antiinflamatorios. Una taza, contabilizan desde Aranjuez, supone más del 13 % de la dosis diaria recomendada de fibra, el 136 % de la cantidad de vitamina C y tiene solo 43 calorías.

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