REPORTAJES

1 DICIEMBRE DE 2016

Por Silvia Artaza

Escapada navideña a Viena

Una atmósfera especial recorre las calles vienesas en esta época del año gracias a los mercadillos navideños, tan propios en Centroeuropa. Son muchos los que se instalan, siendo el más importante el Christkindlmarkt de Rathauspark, entre el Parlamento y la Universidad. Piezas de fábula salpicadas por el parque, árboles llenos de luces, castañas, algodón de azúcar, regalos navideños… todo envuelto en ese característico aroma dulce de ponche (Glühwein), un vino tinto caliente cocido con canela, naranja y especias, que es muy típico tomar en estos mercados y que se sirve en tazas de cerámica. También es común encontrar puestos con bocados dulces tradicionales como Apfelstrudel (tarta de manzana y hojaldre), pan de especias y vainilla o las tradicionales galletas navideñas.

Y es que la cultura gastronómica del dulce es algo que destaca en este país, siendo la conocida tarta Sacher (Sachertorte) la más “famosa” de Viena. ¿El motivo? Su receta tiene origen en el Hotel Sacher de la ciudad, donde aún hoy es posible ir a disfrutarla. Y mejor si es acompañada de un café, algo que no hay que perderse si se viaja a esta ciudad, ya que el café vienés forma parte incluso del patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO. Es recomendable visitar espacios como Café Central, legendario punto de reunión de escritores, o Café Mozart, situado cerca de la Ópera y en pie desde 1794.

Más allá del dulce, la cocina vienesa está influenciada por otras como la alemana, húngara, checa, e incluso, algo de Italia. El plato vienés por antonomasia es el Wiener Schnitzel, escalope de ternera empanado, normalmente acompañado de una ensalada tibia de patatas. Es fácil encontrarlo en cualquier carta de restaurante, además de Gulasch (ragú) o Tafelspitz (carne de vaca hervida con guarnición). Algunas direcciones recomendables para tomar cocina vienesa son, por ejemplo, los restaurantes Gasthaus Reinthaler, Plachutta y Gasthaus zur Oper.

Siguiendo con la tradición, tampoco hay que dejar de pararse en los puestos callejeros a disfrutar de las salchichas y la cerveza. Los de Bitzinger (en Albertinaplatz y en la Noria Gigante) son los más recomendables, y prueba de ello es la cola de espera que se suele encontrar. Claro que merece la pena.

Dejando de lado la parte más clásica de la ciudad, hay algunas pistas que merece la pena conocer y que apuntan a la parte más creativa y actual de la ciudad. Tendencias que giran en torno a zonas como la que rodea el Naschmarkt, un mercado con más de 100 puestos en los que entre frutas y verduras hay locales para disfrutar de la cocina de un montón de países. O Spittelberg, cuyas bohemias calles están siendo revitalizadas con tiendas, galerías, hoteles, bares y restaurantes.

Sin olvidar MuseumsQuartier, un bullicio de tendencias y dirección obligada para turistas y locales. Es uno de los diez recintos culturales más grandes del mundo (60.000 m²) y alberga museos y espacios artísticos entre edificios barrocos y futuristas. Claro está, también restaurantes, como el Café Leopold (en el Museo Leopold) o Glacis Beisl. En esta época, tiene su particular mercado navideño, de ambiente joven y a ritmo de dj, en el impresionante patio del interior del recinto.

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