REPORTAJES

9 FEBRERO DE 2017

Por Belén Parra

Enigma: Gastronomía en vilo

Albert Adrià desvela por fin en Barcelona su concepto gastronómico más esperado. La apertura de Enigma se ha demorado casi un año pero ha conseguido mantener la expectación hasta el final. Creatividad en estado puro durante un recorrido ‘gastro’ único.

La web de Enigma es igual de hermética que la experiencia que anuncia y promueve. Coordenadas básicas, un mail para reservas y ese apartado de preguntas con respuesta que te aproximan a la magnitud de la propuesta sin desvelarte nada. Todo es tan difuso, tan gris, tan desconocido a priori que sólo la web propia se permite alguna licencia. Basta entonces con generar un primer click y sumergirte en este otro paso a paso. Cuanto más enigmático, más interesante. 

La curiosidad se acrecienta ante ese mail de vuelta que sólo prolonga unos días la ansiedad que lleva a comerte hasta las uñas. La espera se hace eterna, como en esa primera noche de Reyes. La ilusión, la misma. 

La frialdad de este nuevo espacio de elBarri contrasta con las atenciones del equipo. El aspecto gélido es obra del propio Albert y el estudio RCR Arquitectos. Todo es cuestión de romper el hielo y hacer que el gris se acerque más al blanco que al negro. El deslizante Enigma de la entrada es en ese sentido, luminoso. 

Frente a la puerta, dejas de ser el típico curioso de turno en cuanto tecleas el código necesario para acceder al espacio. ¿Quién dijo nervios? Tras ese primer escollo aparece un largo pasillo que te plantea por dónde seguir cuando el apetito sólo te pide avanzar. Tu indecisión e indefensión forman parte del juego. Todo es tan difuso, tan gris, tan opaco como lo habías imaginado. En el recibidor, la sonrisa de la sumiller y directora de sala, Cristina Losada, te hace saber enseguida que estás en buenas manos. Es ella la que inicialmente contextualiza, pone sobre aviso, actúa con suma profesionalidad, y favorece cada uno de los brindis.

También los propicia con éxito Marc Álvarez, para quien la gastronomía líquida es causa y también consecuencia a lo largo del intenso recorrido. Tres horas de experiencia gastronómica servida en pequeños bocados y platillos que ni siquiera se acompañan de una breve introducción para dejar al comensal que resuelva qué es cada cosa. El enigma es continuo y perpetuo.

El local desvela sus diferentes estaciones de manera sinuosa; resiguiendo la ruta preestablecida y deseando que te relajes sin que tú puedas o quieras quitar ojo de nada. La Cava, el Bar, la Planxa -o Teppanyaki-, el Dinner y la coctelería 41° son las equis que aparecen a tu paso para que desveles su contenido. Básate en la propia experiencia; en tus intuiciones y tus emociones. Di sí a todo' y no te cierres en banda. 

La propuesta más magnética de Albert Adrià hasta la fecha necesita de mentes despiertas y con reflejos para la réplica. Hay snacks y petit fours que te dejan literalmente noqueado y todos los platillos sin excepción evidencian la complejidad del proceso creativo. 

Lo mejor de avanzar este Enigma es atestiguar que va in crescendo y sin frenos. ¿Hacia adónde? Buena pregunta. Seguimos en vilo.

 

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