REPORTAJES

29 DICIEMBRE DE 2016

Por Silvia Artaza

Nuevos aires (también gastronómicos) para el Hotel Suecia

Por su moqueta pasaron suelas revolucionarias, como las de Che Guevara, y en sus mesas apoyaron plumas ilustres como Hemingway. El mítico hotel Suecia de Madrid ha reabierto recientemente sus instalaciones bajo el paraguas del grupo NH y con una interesante propuesta de restauración.

Comparte pared con el Círculo de Bellas Artes, está a dos pasos de los musicales de Gran Vía, de los museos del Paseo del Prado y linda con el Barrio de Las Letras. Como no podría ser de otra manera, el Hotel Suecia, ahora NH Collection Suecia, tiene alma de artista. También estilo. Ese que le ha imprimido el interiorista Lázaro Rosa-Violán en un acierto de equilibrio entre lo natural y lo ilustrado. Terciopelos, madera y vegetación. Espacios abiertos a la calle a través de grandes ventanales e íntimos altillos con biblioteca.

La puesta en escena seduce, es cálida, como estar en casa, y separa perfectamente los servicios de alojamiento y restauración. Una suerte de idea para bienvenida de todo aquel que solo quiera sentarse a la barra con un buen vino y, a la vez, para intimidad del huésped. Aquí no hay recepción tras la puerta de cristal y el check-in se puede hacer mientras tomas un café.

El capítulo gastronómico, bautizado con el nombre de Casa Suecia, cuenta con un primer espacio de barra y cafetería -desayunos, tapas y meriendas- y un segundo estadio entendido como brasserie de corte internacional. Tras el proyecto, los promotores de Bocagrande, El Nacional o Lomo Alto de Barcelona, con Lluis Canadell a la cabeza.

La carta conjuga producto mediterráneo e influencias foráneas, con especial atención a la nórdica, presente en guiños como los estupendos ahumados con encurtidos o el pan polar. Delicioso el tartar de tomate y calabacín con anguila ahumada y rúcula, las berenjenas con katsuobushi y el cangrejo real, leche de tigre y pico de gallo. Arroces, cocas y unos postres que quitan el sentido y no puedes dejar de pedir.

Una vez apurada la botella de vino en la mesa, la experiencia continúa. Y lo hace en un lugar clandestino, de nombre Hemingway, reservado para los más curiosos. Atraviesas el baño, pasas una puerta y, de repente, estás en tiempos de la Ley Seca. Tonos rojos, espejos, terciopelo y una interesante propuesta de coctelería que se armoniza con buena música.

Cuando el tiempo dé tregua, la azotea será el gran reclamo, que seguro se convertirá en uno de los place to be del próximo verano. Regala unas vistas panorámicas 360 de Madrid que te dejan con la boca abierta y ofrece una carta ligera de cocina que se acompaña de mixes a golpe de coctelera.

 

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