REPORTAJES

11 ENERO DE 2017

Por Belén Parra

24 horas en el Soho House

Soho House es el exclusivo club de origen británico, alma creativa y presencia internacional que acaba de abrir en Barcelona para que sus socios encuentren en esta ciudad mediterránea un nuevo punto de encuentro donde socializar, comer y beber, cuidarse, divertirse y también dormir si es lo que quieren.

Ni aparcacoches ni portero infranqueable ni personal que vaya de 21 botones a tu llegada. Ni siquiera un paraguas abierto a tiempo pese a la que está cayendo fuera cuando lo realmente interesante es lo que sucede dentro. La lluvia en Barcelona siempre pilla a todos desprevenidos… 

El primer Soho House que abre en España aparece como ese acogedor e informal refugio del que sabes que jamás saldrás igual que has entrado. Si eres socio de este club privado a razón de unos 1.800 euros al año, todo te resultará más familiar que a cualquier invitado. No hay que ser un potentado ni manejar grandes honorarios para ingresar en el mismo, sino compartir el espíritu creativo del grueso de socios de un club que no se considera elitista. 

Las sonrisas y los gestos cómplices del personal son los que hacen sentirse a uno partícipe de una casa con clara vocación de hogar, pese a esa libertad de acción limitada con la que se pretende preservar la privacidad del club y la intimidad de sus miembros. Las llamadas están restringidas a determinadas zonas como las habitaciones, y las fotos sin ton ni son, los postureos mirando a cámara e incluso los selfies no están bien vistos cuando puedan molestar a huéspedes y demás socios. La camaradería es ya norma de la Casa, así que quien quiera inmortalizar el recuerdo que pase mejor por el fotomatón gratuito del Club y evitará así que nadie se soliviante. 

La vida transcurre de forma desigual entre el día y la noche en este Soho House e intuyo que en casi todos los del resto del mundo. Pasar aquí 24 horas como invitado permite atestiguar cómo se disfrutan con menor o mayor intensidad los diferentes espacios comunes, algunos abiertos también al público como el restaurante italiano Cecconi’s o el spa Cowshed. Este último es un auténtico oasis donde también probar y adquirir los productos que se ofrecen con exquisito detallismo en cada habitación. Si te alojas, puedes disfrutarlos todos, sin excepción, si bien no podrás llevártelos contigo como seguramente querrás hacer con las numerosas amenities y el suavísimo albornoz.

Mientras unos cargan pilas en el completo gimnasio con sala de actividades dirigidas incluida, hay quien se adueña de un rincón en el Club de la quinta planta,  dedicada exclusivamente a los socios. Entre la prensa del día o las revistas mensuales, el libro que siempre hay a mano y la carta de cócteles, tan pronto se va la mañana como se echa encima la tarde. Los platillos del Bar Plaza no están mal siempre que uno los tome como aperitivo a la cocina de Cecconi’s o a los pollos y las hamburguesas del Chicken Shop & Dirty Burger, que queda a la vuelta de la esquina y pertenece al mismo Soho House. 

Como alternativa a la vida social que propician el Club y la espléndida azotea con piscina al aire libre, siempre quedará el cine del sótano. Se trata de una sala chapada a la antigua con confortables butacones donde se proyectan títulos de cine independiente todos los días. Otro punto de encuentro entre ficción y realidad, que así es como viví precisamente este Soho House. 

 

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